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Allí, en la cumbre conocida como El Picu la Torre, tras la protección
de grandes murallas de piedra y otras obras defensivas, veremos las
casas, los animales, los enseres y a los propios habitantes del
poblado.
Asentadas
sobre aterrazamientos en la ladera, las viviendas, de planta circular y
cuadrangular, se han construido a tamaño real según los datos de
diversas investigaciones arqueológicas. Sus gruesas y pendientes
techumbres de brezos y escobas, con el aspecto de las casas de un
cuento, nos ponen ante el tipo de hogares en que vivieron los cántabros
y otros muchos antiguos europeos.
Un recorrido
por el interior de estas casas, sentándonos junto al fuego de sus
cocinas, rodeados por el telar, las cerámicas de cocina y almacén, los
aperos de labranza, el armamento etc. nos transportará a diferentes
momentos, desde fines de la Edad del Bronce (hacia el s.VIII a. C.),
pasando por algunas fases de la posterior Edad del Hierro hasta la
aparición de los cántabros plenamente históricos que lucharían contra
las legiones romanas en tiempos del emperador Augusto.
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Texto de:
Ángel Ocejo Herrero |
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